
La producción nacional de leche continúa recuperándose y atraviesa el invierno levemente por encima de los niveles del año pasado. La curva de 2026 muestra una salida del otoño con mejor dinámica que en 2025 , atenuándose desde abril hasta junio, manteniéndose levemente por encima de aquella trayectoria. El dato es positivo para la oferta primaria, aunque empieza a generar preocupación por parte de la industria, especialmente entre las PyME dependientes del mercado interno. Por eso, más de 600 empresas temen que vuelva a repetirse una “ola de leche” similar a la de la primavera pasada, con una expansión estacional de la oferta superior a la capacidad de absorción del mercado.

Entre septiembre y noviembre de 2025 se alcanzaron los niveles mensuales de producción más altos de la serie histórica. No fue un fenómeno aislado de una cuenca, sino el resultado de una disponibilidad de pasto inusualmente elevada y generalizada en las principales regiones lecheras del país. Las reservas de agua en el suelo fueron determinantes: amplias zonas de la región pampeana llegaron a la primavera con condiciones excepcionales para producir forraje. En 2026, la disponibilidad de agua continúa siendo favorable en buena parte del territorio, aunque con una distribución diferente y sin garantía de que se repita exactamente el escenario anterior.

Esta situación, precisamente cuando los stocks de mayo de 2026 se encuentran en el menor nivel registrado para ese mes en los últimos cinco años, generó una demora en recomposición del precio de leche al productor, que ha permitido entre otras cosas, la desconfiguración de los precios relativos del tambero poniendo bajo presión a todo el sector de producción primaria. Todo esto acontece cuando el mix de productos lácteos en góndola GBA crecieron interanualmente +23%, los precios de lácteos mayoristas industriales +18,8% y al productor solo le llegó un +9,6%.

Lo que está ocurriendo parece más profundo que una simple coyuntura. La cadena láctea está transitando una etapa de reconfiguración bajo las reglas de una economía real. La inflación ya no ofrece la misma ventaja financiera que antes, cuando las empresas podían actualizar rápidamente sus listas de precios potenciando los plazos de pago. Tampoco los stocks siguen representando cobertura, sino más bien capital inmovilizado. Ahora quedan más expuestas la productividad, la eficiencia industrial, el costo financiero, la rotación de los stocks, la capacidad comercial y la solidez del flujo de fondos. Pero este escenario incluye también al sector primario sobre cuyas espaldas hay un peso difícil de sostener. En este status quo podría estar afectando ciertamente la producción.








