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¿Cosa fai?

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Los productores de leche, acorralados por el descalabro de sus precios relativos, sufren la suba del costo de producción mientras el precio recibido cayó en su poder de compra -18% con respecto al año pasado. Todo esto en un contexto donde el mercado interno absorbe el 70% de la leche, los precios mayoristas lácteos ajustaron interanualmente +18,8%, el mix en góndola creció +22%, mientras al tambero solo +9,6% (datos de junio pues el Indice Mayorista de julio no lo tenemos aún).

La industria llega a junio 2026 con el nivel de stocks más bajo para ese mes de los últimos diez años. Las PyME venden con fluidez y con una demanda firme, pero encuentran dificultades para ajustar sus precios. En consecuencia, sus márgenes se han reducido sensiblemente, situación agravada por el marcado aumento del costo de la energía. Según nuestra estimación, el nivel de stocks explica cerca del 40% de la variación del precio de la leche al productor. En un año normal, semejante escasez habría impulsado una suba marcada de la materia prima. Sin embargo, el temor de que se repita la ola de leche de la primavera 2025 mantiene inmóvil a la industria: quieren la leche, pero nadie quiere adelantarse y, por ahora, se estima que los precios permanecerán flotando alrededor de los valores actuales.

Todo esto supone que la foto de hoy se mantenga. Pero si en el backstage las cosas comienzan a restaurarse y por ejemplo se reactiva Sudamericana de Lácteos con 100.000 o 250.000 lt/d, o vuelve a operar alguna planta de Verónica o aún SANCOR, la competencia por la leche podría tensionarse rápidamente, sobre todo en determinadas cuencas.

Al mismo tiempo, pareciera hay una especie de “selección de tambos” en marcha. Con las grandes plantas trabajando al límite y poca capacidad para absorber excedentes de las PyMES, alguna industria comenzaría a priorizar proveedores por volumen, cercanía, costo de recolección, regularidad, calidad o potencial de crecimiento. Esa selección no necesariamente aparece como un rechazo explícito: puede manifestarse mediante menores bonificaciones, mayor incidencia del flete, límites al crecimiento o condiciones comerciales menos favorables.

A todo esto, un Niño Muy Fuerte podría desarmar la expectativa de una primavera abundante. El exceso de lluvias, que no será uniforme, afectaría la producción, la calidad de los forrajes, los accesos y la recolección de leche, especialmente en las cuencas más vulnerables como la del Salado, y aquellas zonas bajas, con lagunas y cubetas de escasa salida, llanuras con napa somera y drenaje superficial lento. Con stocks ajustados, una merma o interrupción de la oferta presionaría rápidamente sobre la competencia por la leche y podría impulsar el precio al productor.

El trabajo del IAPUCo viene monitoreando los grandes números de la Cadena Láctea argentina. Allí observamos (ver gráfico), con asombro y preocupación, que lo que antes se veía como variabilidad, ahora se observa como tendencia: las cuentas generales dan negativo, pero el que pierde es el tambero.

En la cadena láctea todos están atravesando el temporal, pero mientras algunos navegan y otros achican.


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